Tanto que aprender…

Desde que comencé a caminar mirando la vida del Maestro mis ansias por imitarlo sumado a mi poco conocimiento de Él dieron como resultado una sensación de que lo estaba haciendo muy bien o que al menos estaba muy cerca de Él. Hoy, sin embargo, debo reconocer lo poco que me asemejo a Él. Si bien mencionar esto puede sonar algo decepcionante, lastimoso y hasta mediocre, he comprendido que es el principio de un maravilloso camino.

Puedo pensar en el actuar paternal de Dios para con mi vida cuando ciertos aires de grandeza me alcanzaron y me llevaron a creer lo superior que estaba en los asuntos espirituales, pero ¿qué puede aprender el que cree saberlo todo? ¿qué puede recibir aquel que piensa que está lleno? ¿qué otra cosa puede valorar aquel que busca valor sólo dentro de si? ¿cómo se puede comunicar aquel que  nada escucha? ¿cómo se ha de imitar a alguien si ya se cree ser una copia perfecta de esa persona?

Hubo un momento en que pensé que podía imitar a Cristo con mis fuerzas, pero ignoré que ser como Cristo es algo que sólo viene de arriba, un mal árbol nunca podrá producir buenos frutos, así mis esfuerzos carnales y engreídos nunca darían como resultado el carácter de mi precioso Salvador, reconozco cómo mi Padre me ha estado corrigiendo y lo seguirá haciendo en este tema.

Hoy debo reconocer lo poco que me asemejo a Cristo, pero aún así no desmayo, procuro recordar que mis esfuerzos no sirven de nada sino proceden de la unión con Cristo y obra del Espíritu Santo.

Hoy debo reconocer que ya no espero correr desesperadamente en esta carrera para mostrar cuán hábil soy, ya que he observado cuán débiles son mis piernas y he entendido que sólo la gracia y el poder de Dios han permitido que yo esté de pie y aún corra. Por esta manera no quiero correr alocadamente sino con paciencia, confiando y esperando en el trabajo del Padre Celestial en mi vida.

Toda la gloria sea exclusivamente a Dios.