Creo y canto

John Bunyan observando un pájaro que cantaba mientras volaba, quizás una Golodrina o una Alondra, escribió luego en meditación:

“Este pequeño pájaro, ¡oh cómo vuelva y canta!

¿Pero podría hacerlo si las alas le hiciesen falta?

Sus alas hablan fe, sus canciones paz;

Cuando creo y canto mis dudas se van.” [1]

[1]: John Bunyan, A Book for Boys and Girls. (Es una traducción y adaptación propia para mantener la rima)

Lecciones sobre amigos que se van

Dios me ha permitido en la universidad conocer varios extranjeros que, mediante su programa de intercambio, deciden venir a estudiar al fin del mundo, nuestro querido Chile.

Es una enriquecedora experiencia poder conocer personas de otras culturas, costumbres, lenguas, lugares, climas, etc. Es verdaderamente valioso poder entablar una amistad con ellos y definitivamente hermoso y trascendental compartir la fe en Jesús con ellos.

Agradezco profundamente a Dios por estas oportunidades. Me lleno de alegría porque puedo ser parte del crecimiento de otros. No tengo palabras para describir lo sorprendido que me siento.

Pero así como vienen, también se van.

Ayer me despedí de una querida amiga -una hermana para mi- que volvió a Alemania después de estar casi un mes en Latinoamérica. Hoy fue el turno de despedir a otra amiga que parte hoy por la noche a los Estados Unidos.

Intento esquivar las sensaciones que me vienen. La tecnología y toda la comunicación a distancia parece un parche que no cubre del todo un adiós. Me asedia un sentimiento de finitud tremendo. Las sonrisas no viajan con el viento hasta los extremos de la tierra. Estoy aquí y no allá pero, con todo, aún pisamos el mismo planeta.

Bueno es para cualquiera conocer sus límites, vez tras vez Dios enseña esto a mi corazón. En un momento de lucidez entiendo que ante tal limitación Dios trajo todas estas cosas hasta mi. Él viene con sus máscaras, me trae una amistad y por más terrenal que me sienta me lleva a buscar lo celestial.

Quizás Dios quiere que recuerde que su Hijo también se hizo mi amigo y vino de intercambio a este mundo: vino a tomar mi lugar.

Una mejor canción

Me encanta escuchar buena música y tomar atención a los versos que la componen, me permiten interactuar con el autor de manera indirecta y conocer lo que piensa. Sí, todas las canciones, y me aventuro a pensar que incluso las más malas, manifiestan una forma de ver las cosas y ofrecen respuestas a íntimas preguntas.

Escuchando una canción de Fito Paez, interpretada por Mercedes Sosa y Francis Cabrel, llamada “Yo vengo a ofrecer mi corazón” me quedé pensando en el último verso:

 “¿Quién dijo que todo esta perdido?  Yo vengo a ofrecer mi corazón

Esto resume en cierta manera el argumento de la canción. La respuesta al mal, desesperanza, injusticia y fragmentación que se contemplan alrededor es “yo vengo a ofrecer mi corazón”. Al pensar en esta idea me pregunté ¿puede alguien realmente decir esta frase y dar una sólida esperanza? ¿puedo decirle al mundo que no se preocupe pues me he propuesto poner todo de mi para cambiar las cosas? Si somos honestos daremos un paso al lado en este ambicioso proyecto.

Yo conozco una mejor canción, dice lo siguiente:

“Por lo cual, entrando en el mundo dice:
Sacrificio y ofrenda no quisiste;
Mas me preparaste cuerpo.
Holocaustos y expiaciones por el
pecado no te agradaron.
Entonces dije: He aquí que vengo, oh 
Dios, para
hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí.”

Muchos vienen a ofrecer su corazón, muchos se entregan a sí mismos por cambiar las cosas, pero había uno que conocía realmente el corazón de Dios y entendía que todos estos intentos nunca cambiarían nada ni mucho menos agradarían a Dios, por esta razón dijo “vengo para hacer tu voluntad”.

Quiero que escuches una mejor canción, la canta la voz más dulce, potente y sublime que hayas escuchado jamás, canta estrofas como: “Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada“, “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese” y asegura su maravillosa pieza con un “consumado es“. El único corazón que agradó al Padre es el de Jesús, pues cumplió su voluntad y se ofreció gratuitamente para salvar a quienes nada podían hacer para salvarse. La verdad, esperanza, amor, justicia y restauración de todas las cosas sólo vienen de Aquel y Único que puede decir con autoridad “¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”, Jesús el Señor y Salvador.