Una mejor canción

Me encanta escuchar buena música y tomar atención a los versos que la componen, me permiten interactuar con el autor de manera indirecta y conocer lo que piensa. Sí, todas las canciones, y me aventuro a pensar que incluso las más malas, manifiestan una forma de ver las cosas y ofrecen respuestas a íntimas preguntas.

Escuchando una canción de Fito Paez, interpretada por Mercedes Sosa y Francis Cabrel, llamada “Yo vengo a ofrecer mi corazón” me quedé pensando en el último verso:

 “¿Quién dijo que todo esta perdido?  Yo vengo a ofrecer mi corazón

Esto resume en cierta manera el argumento de la canción. La respuesta al mal, desesperanza, injusticia y fragmentación que se contemplan alrededor es “yo vengo a ofrecer mi corazón”. Al pensar en esta idea me pregunté ¿puede alguien realmente decir esta frase y dar una sólida esperanza? ¿puedo decirle al mundo que no se preocupe pues me he propuesto poner todo de mi para cambiar las cosas? Si somos honestos daremos un paso al lado en este ambicioso proyecto.

Yo conozco una mejor canción, dice lo siguiente:

“Por lo cual, entrando en el mundo dice:
Sacrificio y ofrenda no quisiste;
Mas me preparaste cuerpo.
Holocaustos y expiaciones por el
pecado no te agradaron.
Entonces dije: He aquí que vengo, oh 
Dios, para
hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí.”

Muchos vienen a ofrecer su corazón, muchos se entregan a sí mismos por cambiar las cosas, pero había uno que conocía realmente el corazón de Dios y entendía que todos estos intentos nunca cambiarían nada ni mucho menos agradarían a Dios, por esta razón dijo “vengo para hacer tu voluntad”.

Quiero que escuches una mejor canción, la canta la voz más dulce, potente y sublime que hayas escuchado jamás, canta estrofas como: “Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada“, “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese” y asegura su maravillosa pieza con un “consumado es“. El único corazón que agradó al Padre es el de Jesús, pues cumplió su voluntad y se ofreció gratuitamente para salvar a quienes nada podían hacer para salvarse. La verdad, esperanza, amor, justicia y restauración de todas las cosas sólo vienen de Aquel y Único que puede decir con autoridad “¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”, Jesús el Señor y Salvador.

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