Y ahora ¿a quién agradecemos?

Hoy en la clase de Lengua y cultura Mapuche, la profesora habló acerca de los ritos y celebraciones mapuches dirigidos a agradecer la naturaleza, fue en eso que, refiriendo a estas costumbres, introdujo la siguiente reflexión: “¿qué hemos hemos perdido de aquellas costumbres?”.

Una niña levantó la mano y explicó cómo ella conservaba esta costumbre al apreciar la naturaleza y mantener un estilo de vida conectándose con ésta. Luego se siguió una serie de comentarios apuntados a destacar la manera en que hemos aumentado en tecnología pero hemos perdido la apreciación de lo que tenemos.

Entonces me hice la siguiente pregunta ¿a quién le agradecemos por estas cosas? Todos parecían querer volver a un espíritu agradecido pero eclipsaban cualquier relación con alguna Causa de los dones que disfrutan, algo así como la persona que encuentra dinero en la calle e ignora que le pertenecía a alguien. Se podía medir la sed espiritual en todo el salón y lamentablemente todos sugerían una nueva espiritualidad de manera sólo terapéutica, una religión o espiritualidad sin Dios.

¡Ah, Señor! ¿Qué malo hemos visto en Ti? Ciertamente nada, no tenemos más argumento para darte la espalda que nuestra propia necedad. El hombre una vez más demuestra que fue creado para adorar pero otra vez se vuelve a las criaturas y no a Ti, maravilloso Creador. Amado Padre, por favor corrige mi mente de estas vanas ideas y dame la gracia para hablar de Ti entre la confusión de mis compañeros.

¡Tú calmas nuestra sed, precioso Cristo, sólo tú calmas nuestra sed! Crea en mi un corazón humilde y reconocedor de tus dones, que tu Palabra traiga luz y esperanza a aquellos que están viviendo en las tinieblas del sin sentido.

Amado, gracias por hacer todo tan maravilloso, todo habla acerca de Ti, la creación entera te alaba. A ti te agradecerá mi alma, aunque las muchas opiniones me menosprecien y las bocas feroces busquen despedazarme y comerme vivo.

Yo te agradezco por todo Señor, tu mano hizo todas estas cosas, ¡qué dulce me resulta poder pronunciar esas palabras! TU MANO SEÑOR, HIZO TODAS ESTAS COSAS, TÚ MANO Y NO OTRA, TÚ NOS HICISTE Y NO NOSOTROS A NOSOTROS MISMOS.

¡Ah, Señor! ¿Qué es esto que me siento como un pequeño pájaro viendo negras nubes llenas de agua sobre su cabeza al decir estas verdades? ¿Por qué siento que buscan para destruirme si quiero pronunciar palabras tan sencillas?

Yo lo sé, Señor, Tú ya lo has dicho ¡los enloqueciste! ¡se hicieron necios! ¿Por qué temerá mi corazón ante el murmuro de estos ‘sabios’? ¿he de temer de lo que pueda hacer o decir el hombre? No, Señor, pues Tú eres mi Roca, mi refugio y mi salvación.

Ayúdame, esfuérzame y hazme un hombre, para tu gloria y alabanza, que tu gracia me sustente. Tuyo soy, para cantar de tus hechos poderosos.

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Una respuesta a “Y ahora ¿a quién agradecemos?

  1. Diego Calquin

    me recuerda a San Agustín en su libro confesiones cuando dice que buscó a Dios en la naturaleza y la naturaleza misma apuntaba hacia afuere de si misma.
    Saludos

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