Despidiendo al Minino

mininediiiHoy murió mi querido gatito, el ‘Minino’. No puedo evitar sentir mucha pena, no esperábamos que esto pasara, de un momento a otro comenzó a sentirse mal y luego de unos pocos de días nos despidió. Sin embargo, estoy muy agradecido que Dios nos permitiera pasar tantos momentos entretenidos con nuestra querida mascota, sin duda era especial y único. Es increíble lo mucho que se puede disfrutar y encariñarse con una bola de pelos que la mitad del tiempo parece que te ignora. Dios trajo a la vida al felino y Dios en el tiempo correcto le ha quitado el aliento, en todo Dios es glorificado.

No me queda más que poner este hecho a la luz de la Gran Historia de Dios que nos explica que todo esto sucede por la caída del hombre. El pecado no sólo trajo consigo la maldición al ser humano sino a toda la creación. Pero la Historia no termina ahí sino que el Hijo de Dios, Jesús, entró en la Historia con el propósito de salvar a humanos caídos y rebeldes como nosotros, muriendo en la cruz por nuestros pecados para luego levantarse de la tumba triunfando sobre la muerte logrando así su propósito. Este mismo Jesús ascendió a los cielos y prometió volver otra vez para juzgar a todos los hombres, vivos y muertos, y hacer todas las cosas nuevas. En Él está puesta mi esperanza y esa esperanza no me avergüenza para nada, pues espero la restauración de todas las cosas.

Tenemos suficientes razones para alabar a Dios por ver lo maravilloso que ha hecho todo y las millones de formas en que nos manifiesta su poder mediante lo creado. Hay razones suficientes también para odiar el pecado y sus terribles consecuencias. Pero también tenemos tremendas razones para esperar a Jesucristo, la consumación de su reino y el día en que haga todas las cosas nuevas.

¡La gloria sea a Dios y solamente a Él!

“¡Oh Señor, cuán numerosas son tus obras!
    ¡Todas ellas las hiciste con sabiduría!
    ¡Rebosa la tierra con todas tus criaturas!
 Allí está el mar, ancho e infinito,
    que abunda en animales, grandes y pequeños,
    cuyo número es imposible conocer.
 Allí navegan los barcos y se mece Leviatán,
    que tú creaste para jugar con él.

 Todos ellos esperan de ti
    que a su tiempo les des su alimento.
 Tú les das, y ellos recogen;
    abres la mano, y se colman de bienes.
 Si escondes tu rostro, se aterran;
    si les quitas el aliento, mueren y vuelven al polvo.
 Pero si envías tu Espíritu, son creados,
    y así renuevas la faz de la tierra.

Que la gloria del Señor perdure eternamente;
    que el Señor se regocije en sus obras.
 Él mira la tierra y la hace temblar;
    toca los montes y los hace echar humo.

Cantaré al Señor toda mi vida;
    cantaré salmos a mi Dios mientras tenga aliento.
Quiera él agradarse de mi meditación;
    yo, por mi parte, me alegro en el Señor.
Que desaparezcan de la tierra los pecadores;
    ¡que no existan más los malvados!

¡Alaba, alma mía, al Señor!

¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!”

Salmo 104:24-35

“Alaben al Señor desde la tierra […]

los animales salvajes y los domésticos”

(Salmo 148:7a,10b)

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