Pensamientos sobre los ancianos y la humildad de reconocer su experiencia

No sé si hoy por hoy estoy poniendo más atención a los días o mi vida se está llenando de maestros ambulantes y espontáneos que me enseñan a cada instante. Quizás ambas.

Hoy tuve una conversación con un matrimonio que lleva años en el Evangelio y están cerca de los 90 años de edad y que, si mal no recuerdo, tienen alrededor de 60 años o más de matrimonio. Los intento visitar cada vez que puedo, pues viven solos, así que puedo decir que estoy algo acostumbrado a sus valiosos consejos y exhortaciones. Pero lo que más me impresionó hoy fue darme cuenta de que la confianza que manifiestan en Dios se mantiene imperturbable visita tras visita. Él me habla acerca de lo difícil que es vivir el Evangelio como Dios nos manda que lo vivamos, luego ella me comenta cómo Dios le provee a cada instante y suple sus necesidades, pero aquí no estoy siendo cliché, es realmente tremendo ver a alguien alabando a Dios porque le cambiaste una ampolleta que tenían quemada. Es aquí donde me siento incómodo conmigo mismo porque ¿cuántas veces no he hablado de la soberanía de Dios? Pero cuando recibo algún beneficio, por pequeño a los ojos que sea, no reconozco siempre que proviene de Dios. Digo que me incomoda porque veo mi falta de integración de las doctrinas de Dios en mi vida. Es muy fácil hablar de que Dios tiene todo bajo control, pero es muy distinto reconocer, alabar y celebrar a Dios por ese control.

Creo que una de las cosas más positivas que pueden hacer los jóvenes es aprender de los ancianos piadosos. Es una aberración de pensamiento pensar que sólo porque están débiles se encomiendan a Dios a ese grado, pensar eso es orgullo del más tóxico, es negar la obra de gracia de Dios y la madurez alcanzada por una persona por medio de la debilidad experimentada en sus años de vejez. La vejez y la debilidad, así como los problemas y tribulaciones, con los medios que Dios utiliza para moldearnos. Debemos ser cautelosos y no pensar que los ancianos tienen una mayor facilidad de perseverar porque están prontos a partir, por el contrario, sus corazones desfallecen al igual que los nuestros y los últimos metros de la carrera son los más sufridos. Dios no deja de pulir la vida de nosotros ni nos jubila de su disciplina, por eso debemos valorar tremendamente la perseverancia y ejemplo de estos hermanos.

La gran parte de los ancianos de nuestra generación no alcanzó a interactuar con la tremenda cantidad de contenidos que hoy se nos ofrecen en internet, pero no te creas superior a ellos por esto, por favor no hagamos eso. No te creas más sabio, no pienses que porque has tenido acceso a la mejor literatura o la más sana por esa razón te has convertido en un erudito de la vida. Siéntate, escucha, pon tu corazón en el lugar correcto, ora a Dios y pídele ser enseñado. Las canas de algunos ancianos coronan años de lucha, sacrificio, aprendizaje y esfuerzo, debemos reconocerlo y respetarlo. Es cierto que en muchos puntos estarán un poco desfasados culturalmente, probablemente errados en algunos puntos de vista, incluso respecto a la Biblia, pero ni tú ni yo somos perfectos y la comunidad cristiana debe caracterizarse por el amor y el reconocimiento de la madurez, que no significa estar libre de errores.

Si nos ponemos a mirar con humildad la vida de otros creyentes probablemente veamos que poseen fortalezas que nosotros no tenemos. Seamos humildes, no somos los mejores discipulos del Señor, alrededor de este mundo debe haber miles de cristianos que hacen las cosas mil veces mejor que nosotros, que son más obedientes, confiados y humildes ante el Señor. Celebremos la obra de Dios en la vida de los demás y en cuanto a nosotros reconozcamos nuestro preciso lugar en cuanto a lo que verdadero somos, hemos aprendido y aplicado. Así anhelaremos la gracia que ha transformado la vida de esos hombres, hermanos nuestros, porque no se trata acerca de quien es el mejor, se trata acerca de Dios, que con su maravillosa gracia obra en nosotros y nos transforma y que con su gran paciencia y misericordia cubre nuestras faltas por los suficientes méritos de Jesucristo.

A veces hablamos de diversidad de la iglesia en términos de profesiones, gustos, opiniones y se nos olvida que esto incluye diferencias de edad, los pequeños aprenden de la experiencia de los grandes, los grandes de la energía de los pequeños, creyentes nuevos son afirmados por creyentes maduros y los creyentes maduros son sensibilizados por la tierna obra inicial de Dios en la vida de los nuevos creyentes.

Duele darse cuenta que no somos el centro del mundo, pero es un dolor que si se recibe de la manera correcta, como de parte de Dios, produce un alivio tremendo al despojarnos de nuestra inchada imaginación e idolatría. Por otra parte, el centro del universo es Dios y su gloria, todo se trata acerca de Él. Él es quien da cuanto quiere y quien quiere, no pienses que a ti te ha decidido darte todo, piensa que Él ha querido darle a otros lo que a ti nunca te dará, no para que envidies, sino para que lo alabes por su infinita sabiduría.

Valoremos a nuestros ancianos, visitemosles, empapemonos de su confianza en el Señor.

Al que nos amó y nos lavó con su sangre, al precioso Salvador Jesucristo, nuestra única esperanza, sea la gloria. Ayúdanos a valorar tu pueblo, del menor al mayor, del más pobre al más rico, del más sencillo al más entendido, porque Tú eres soberano y has repartido como has querido, el lugar que nos ha tocado es el mejor que podríamos tener porque Tú lo has decidido. Ayúdanos a ser humildes, a ser prontos para escuchar y aprender y tardos para hablar y enseñar. Por amor de tu Nombre has esto en nosotros, amén.

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Una camino y la gloria de Dios

Estoy estudiando acerca de caminos para una prueba de la  universidad. Debo reconocer que no soy la persona con la mejor memoria (esto pueden corroborarlo todos mis cercanos de forma unánime) y aprender tantos conceptos o términos me sobrepasa (excepto cuando se trata de teología, aquí mis cercanos también pueden reconocerlo pues lo han tenido que sufrir). Es estos momentos es donde me detengo y pienso: ¿qué tiene que ver un camino o carretera con Dios? ¿Qué tienen que ver las calzadas, bermas, cunetas, talúdes, pavimentos y otros con el carácter de Dios? Pensandolo bien, mucho.

Si eres estudiante, no importa lo que estudies, te darás cuenta que existe un tipo de armonía en la materia que te introduces. Por esa razón estudias para tus pruebas, ya que en mi caso los autos van por encima del camino y no por debajo de éste (y no se te ocurra que el profesor te felicitará si respondes eso último en una evaluación).

Infinitos términos, definiciones, partes y cuántas divisiones más pero que a la vez, si alzas la vista, verás el todo y te darás cuenta de cómo lo diferente puede llegar conjugarse, ser coherente. Estamos demasiado acostumbrados a esto, lo pasamos por alto a cada instante, nos parece trivial, sabemos que caminando por la calle no veremos un auto cambiando de forma, un hombre que se estira y luego se vuelve pequeño, un edificio que se derrite, no pensamos que algo que se nos cae al agua se nos incendiará, o que al abrir la puerta de tu casa y entrar caigas por las cataratas del Iguazú. Podrás pensar que exagero pero lo hago con el fin de hacer evidente ante el orden que nos encontramos. Construyo un camino pero no pienso que debo ponerle cadenas o de lo contrario se irá volando. Este universo está finamente ordenado, a pesar de sus diversas partes logra generar sistemas, un orden en medio de la diversidad, unidad en la pluralidad.

Todo este despliegue de belleza y orden no es más que una muestra del ser de Dios. Dios es tres personas y una sola esencia, un sólo Dios, esto es lo que concemos como Trinidad. Esto sienta las bases para entender cómo lo diverso puede generar unidad, el ser mismo de Dios se envuelve con este misterio. Nuestro universo forma un todo coherente sólo por la voluntad de este Dios, por su Palabra.

¿Cómo le da gloria un camino a Dios? En que cada una de sus partes, de diversos materiales, conforman una estructura capaz de facilitarnos el tránsito. Un camino le da la gloria a Dios porque es un pequeño y tenue reflejo del ser de Dios. Le da la gloria porque también nuestro Señor dijo ser el único camino para llegar al Padre. Los caminos nos siguen recordando que necesitamos conectividad entre dos puntos y esa conectividad, entre Dios y el hombre, se da sólo a través de Jesucristo.

Gloria al Dios Padre, gloria al Dios Hijo, gloria al Dios Espíritu Santo. Gloria a la bendita Trinidad, maravilloso misterio.