Resistencia y disciplina

“Es necesario que la carne experimente, en un ejercicio diario y extraordinario, que ella no tiene derechos propios. El ejercicio cotidiano y ordenado de la oración representa aquí una gran ayuda, igual que la meditación de la palabra de Dios, e igual también que toda clase de disciplina corporal y de temperancia.

La resistencia de la carne a esta humillación diaria se produce al principio de frente; luego se oculta tras las palabras del espíritu, es decir, en nombre de la libertad evangélica. Allí donde la libertad evangélica con respecto a la coacción legalista, a la tortura de sí mismo y a la mortificación, es utilizada contra el verdadero uso evangélico de la disciplina, de la práctica y de la ascesis, allí donde la indisciplina y el desorden en la oración, en el contacto con la palabra divina, en la vida corporal, son justificados en nombre de la libertad cristiana, se revela la oposición a la palabra de Jesús. No se conoce ya el carácter extraño al mundo que reviste la vida cotidiana en el seguimiento de Jesús, y tampoco se conocen la alegría y la verdadera libertad que confiere a la vida del discípulo la auténtica práctica piadosa.

Cuando el cristiano reconozca que decae en su servicio, que su disponibilidad disminuye, que es culpable de la vida o de la falta de otro, que no siente alegría por Dios, que no tiene fuerzas para rezar, atacará a su carne en estos puntos, para prepararse con la práctica, el ayuno y la oración (Lc 2:37; 4:2; Mc 9:29; 1 Cor 7:5) a un servicio mejor. La objeción de que el cristiano debería buscar su salvación en la fe y la palabra más que en la ascética carece por completo de sentido. Es una afirmación inmisericorde e incapaz de ayudarnos. ¿Qué es una vida en la fe sino el combate incesante y diverso del espíritu contra la carne? ¿Cómo quiere vivir en la fe el que se muestra perezoso en la oración, el que no encuentra gusto en la palabra de la Escritura, aquel a quien el sueño, el alimento y el placer sexual roban incesantemente la alegría de Dios?”

Dietrich Bonhoeffer acerca de la disciplina y el desdén a su práctica. (Tomado de “El precio de la gracia”, Editorial Sígueme, pág. 119)

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