Almuerzo express

Te sientas en una banca a comer una rica empanada. No hay jugo que la acompañe, sólo pájaros que rondan esperando obtener alguna migaja. La sombra es la precisa y el aire encerrado entre edificios no sofoca. Todo es un regalo. El patrón de adoquines abrazando los árboles, los mismos que abrazan mi entorno. El basurero está casi vacío y con gusto recibe mi arrugada servilleta. Abrumado por el fulgor de lo ordinario al punto que olvidas botar el cuesco de la aceituna.

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