El consumismo y romanticismo eclesiástico

Creo que hoy se ha masificado la filosofía consumista dentro de la iglesia. El cristiano es ahora alguien que puede ir a la iglesia y criticar todo lo que no le gusta, quizás porque “el cliente siempre tiene la razón”. La iglesia debe tener todo aquello que se nos ocurre, tiene que ser al gusto del consumidor. Se ha perdido la idea de que la iglesia es un lugar para servir a Dios y a los hermanos. Si esa iglesia no es lo que yo quiero de seguro es la iglesia equivocada.

Todo esto se aleja mucho a la realidad que la misma Biblia nos demuestra. Tendemos a idealizar las cosas, somos demasiado románticos. Eugene Peterson comenta: “A veces oímos que nuestros amigos hablan de la iglesia primitiva usando términos románticos y nostálgicos. ‘Tenemos que volver a ser como la iglesia primitiva’. Dios nos libre y guarde. Esas iglesias eran un desastre, y Pablo les escribió sus cartas para tratar de resolver el desorden.” Craig L. Blomger nos ejemplifica esto al describir la iglesia de Corinto: “Imaginémonos una iglesia devastada por las divisiones, en la que influyentes dirigentes se autopromocionan y se enfrentan unos a otros, cada uno de ellos con su grupo de leales seguidores. Uno de sus miembros tiene una aventura amorosa con su madrastra y, en lugar de disciplinarle, muchos se jactan de su libertad en Cristo para comportarse de este modo. Algunos creyentes demandan a sus hermanos ante los tribunales seculares y otros tienen relaciones con prostitutas. En respuesta a esta rampante inmoralidad, una de las facciones de la iglesia promueve el celibato -completa abstinencia sexual para todos los creyentes- como ideal cristiano. Y esto no es todo, porque se producen también enconados debates sobre el grado en que los nuevos cristianos han de romper con su pasado pagano. Los desacuerdos sobre los roles de hombres y mujeres en la iglesia aumentan la confusión. Y por si todo esto fuera poco, hay una constante expresión de supuestas profecías y mensajes en lenguas, pero no siempre de forma constructiva. ¡Un importante número de estos inmaduros cristianos ni siquiera cree en la resurrección corporal de Cristo!”

Entonces me pregunto ¿qué biblia estamos leyendo? De seguro la biblia de muchos debería tener una carta a los Corintios mucho más breve que dijera: “Son un desastre, no cuenten más conmigo”. Sólo cuando aterrizamos nuestros conceptos de iglesia y comunidad (y no sólo estos sino otros como ‘pecado’ y sus efectos) logramos entender a lo que Dios nos ha llamado: a servir y no a ser servidos.

El problema no radica en que los demás sean demasiado pecadores para poder amarlos sino en que nosotros somos demasiado pecadores y no queremos morir a nosotros y amar a los demás ¿No hizo así nuestro Señor? Debemos arrepentirnos cuanto antes de todo esto, Dios nos ayude a reflexionar en todo esto.

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