De lo arrollador de tu palabra

Ahí está un amigo recordándonos acerca del tribunal de Cristo, haciendo incapié en que todas nuestras acciones serán un día juzgadas, en que debemos ser fieles, inteligentes y prontos para entregar el evangelio a quienes nos rodean. Ahí está una amiga instándonos a recordar las palabras de la gran comisión, hablándonos de cómo hay cosas que son transversales en nuestra vida como llevar el mensaje de salvación a los demás. Aquí está un amigo mío recordándome cuán bueno es Dios, de cómo se siente tan bendecido por él. Allá estoy con otro amigo conversando y me dice que debemos ser prácticos, que nos debemos quedarnos en la letra sino ser guiados por el espíritu. También ahí está un pequeño diciendo que debemos confiar en Dios y clamar a Él no importa lo que estemos pasado, manifestando que Dios siempre responde nuestras súplicas. Está también un anciano hablandome de carácter, de cómo conducirme en la iglesia de Dios, de cuidar mi corazón del orgullo y los halagos, de saberme un siervo inútil. Entre mis manos un libro que me invita a acercarme a Dios con familiaridad, con confianza sabiendo que nuestra Abba Padre es generoso. Está también el apostol Pablo quitando mis temores diciendo “si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa.. ustedes ya son hijos.. así que ya no eres esclavo sino hijo; y como eres hijo, Dios te ha hecho también heredero”. En mi radio suena una canción que dice que no hay nadie como Dios, que podríamos buscar por la eternidad y no encontraríamos nadie como Él. Aquí está mi novia, recordándome lo hermoso y emocionante de entregar la vida en servicio a los demás por amor de Cristo. Y he aquí yo mismo, clamando al Padre, diciéndome que no necesito nada más que a Él. Aquí estoy yo diciendo amén.

Cuántos recuerdos más que me sobrecogen, cuántos pensamientos me abruman, de que no se ha marchitado mi corazón gracias a que cada vez traes tu palabra a mi, esté consciente de ello o no. Tu palabra permanece para siempre, corre a través del mundo entero, nada ni nadie la puede apresar, va dando vida, renovando corazones, alentando a los débiles, sanando a los heridos, levantando a los caídos.

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Yo no sigo en esto.. ¡yo quiero seguir el reino de Dios!

Escribo esta breve entrada para decir que durante mucho tiempo identifiqué como mis compañeros de milicia a aquellos que eran agudos y certeros en hacer notar las falencias del cristianismo, aquellos que tenían la crítica a flor de piel, sin embargo procuraré no hacerlo más. No porque quiera hacerme ciego a estas cosas, pues reconozco que muchas de ellas son ciertas, sino porque he visto que aquellos que manifiestan los errores de los demás rara vez muestran en su práctica y conducta lo que está bien. Saben muy bien lo que está correcto, manejan a perfección un discurso, saben poner todo en orden, sin embargo no piedad ni amor en sus actitudes. Por mucho tiempo he empatizado con esta forma de ser y he hecho lo mismo, sin embargo no quiero más. Siento que nos hemos vuelto obesos y llenos de grasa y no corremos carrera alguna con todas estas actitudes. ¡Cómo duele sentir que perdemos el valioso tiempo que se nos da! Vuelvo a reiterar que es importante exponer el error, no está demás, sólo manifiesto mi hastío hacia la actitud que parece no hacer más que eso, que le ha parecido más atractivo hacerlo exclusivamente y casi olvidarse de poner por obra todo lo que corrige.

Escribo esto como nota mental: No te dejes llevar por aquellos que parecen saberlo todo, de aquellos que parecen tener el secreto de un cristianismo verdadero pero que nunca lo manifiestan en la vida, ellos te debilitarán, no deseches la verdad que hablan pero guárdate de aquellos que desparraman conocimiento en las redes sociales, no quieras equipararte a ellos, contentate con la medida que Dios te ha dado y pide sabiduría de lo alto, no creas que todo o gran parte te lo puede dar un foro de internet. Ama a tus hermanos, aprecialos y tenlos en alta estima, no importa si parece equivocarse en las mil cosas que más te parecen más relevantes, sufre para que Cristo sea formado en ellos, entrega tu vida en servicio y mira a todos como superiores a ti. Da tu vida y esfuerzos en pos de la Iglesia de Cristo y su misión. Reclina tu cabeza en el pecho de Cristo, admite tus debilidades e ignorancia. No temas confesar tu pecado, no temas manifestar tu necesidad. Honra a tus líderes y pastores, amales, no desparrames el protocolo de lo que deberían ser sino que sírveles para que lleguen a ser más como Cristo. No busques tu propio éxito sino el de tus hermanos, no pisotees a los débiles sino que engrandécelos para que se hagan fuertes. Ama la Palabra de Dios, haz tuya sus promesas, confía en Dios que no miente, no importa las circunstancias. Sirve por amor a Cristo, por gratitud a tu Redentor, no para ser visto ni admirado sino para introducirte más y más en la comunión con el Padre. Engrandece el Nombre de Dios, da gloria a su persona, expande su reino, ocupa tus talentos y energías en hacer conocida su gloria. Confía, medita y deleitate en el amor eterno del Padre, mirate y mira todas las cosas a través de él. Levántate sabiendo que Dios está haciendo una obra en pecadores, que no tiene sentido vivir manifestando a todos que detectas los errores de todos los demás pues Dios va un paso más allá, Él ya está precisamente corrigiendo esos errores en sus hijos. Ora por tus hermanos, ruega por ellos, por los de tu comunidad y por toda la Iglesia sobre esta tierra. Huye de la hipocresía, que no te alcancen la falsa religión, la que busca ser vista. No busques ser alguien grande, busca que Dios sea visto como grande en tu vida, piensa siempre en su gloria y no en la tuya. Gózate, alégrate, salta de alegría, canta una canción, celebra que el reino de Dios ha llegado, que Dios reunirá todas las cosas en su Hijo, que tu eres parte de su plan, que tienes en tus mano la semilla y Dios está labrando los corazones, que la tierra será llena de su gloria. Que no importa si tengo mucho, si sé esto o aquello, si lo he leído, si lo enseño a mil personas, si me reconocen, si me aplauden, si me invitan, si he visito dicho lugar, si me veo bien, si les soy inspirador, si parezco interesante, si me quieren seguir, si soy un referente, si he alcanzado la cima ¡QUE NADA DE ESO IMPORTA PUES TÚ NOS HAS AMADO! Oh Señor ¡tú nos has amado! ¿por qué buscamos otras fuentes? ¡TÚ NOS HAS AMADO! Yo no quiero ver la paja en el ojo ajeno, yo quiero que me ayudes a quitar esta enorme viga en mi ojo que no me deja verte, que no me deja amar, que pesa y no me deja avanzar. Señor despliega tu gloria, vence nuestro perverso corazón, quema la pasividad y la falta de entrega. En tus manos estamos, purifica tu iglesia, ayúdanos a caminar en tu verdad, a imitar tu carácter y andar en tu justicia. Gracias por tu misericordia, por tu compasión, pues nos enseñas con paciencia y amor.