Mi querido Jesús

Mi corazón está latiendo,

golpea fuerte mi pecho,

¿cuánto tiempo sin darme cuenta

que tenía uno?

Tú lo has despertado,

por ti se acelera,

anhela escucharte,

se serena e impacienta

y es que ha visto tu gloria.

Aviva mi corazón,

que no se apague,

que sea fuego

que ilumina,

que calienta

y disipa las tinieblas,

que reúne a los cansados,

que presta cuidados,

que comparte el pan,

que cura al que ha caído,

que te vive a ti

y que por ti vive.

A ti, Jesús,

la gloria,

por tu misericordia,

a ti por tu bondad,

por ser el fuego que mantiene el mío,

por ser el pan que alimenta mi vida,

por ser la luz que me ilumina,

mi refugio, mi descanso,

quien cura mis heridas y

me imparte su vida.

A ti, Jesús,

la gloria para siempre.

Hechos 4:23-31

23 Al quedar libres, Pedro y Juan volvieron a los suyos y les relataron todo lo que les habían dicho los jefes de los sacerdotes y los ancianos. 24 Cuando lo oyeron, alzaron unánimes la voz en oración a Dios: «Soberano Señor, creador del cielo y de la tierra, del mar y de todo lo que hay en ellos, 25 tú, por medio del Espíritu Santo, dijiste en labios de nuestro padre David, tu siervo:

»“¿Por qué se sublevan las naciones
    y en vano conspiran los pueblos?
26 Los reyes de la tierra se rebelan
    y los gobernantes se confabulan
contra el Señor
    y contra su ungido.”

27 En efecto, en esta ciudad se reunieron Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y con el pueblo de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste28 para hacer lo que de antemano tu poder y tu voluntad habían determinado que sucediera. 29 Ahora, Señor, toma en cuenta sus amenazas y concede a tus siervos el proclamar tu palabra sin temor alguno. 30 Por eso, extiende tu mano para sanar y hacer señales y prodigios mediante el nombre de tu santo siervo Jesús.»

31 Después de haber orado, tembló el lugar en que estaban reunidos; todos fueron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban la palabra de Dios sin temor alguno.