No hay descanso sino en Cristo

El cristiano en esta vida es como el mercurio, que tiene en si mismo un principio de movimiento, pero no de reposo; nunca está quieto, como el barco sobre las olas. En tanto tenemos pecado, somos como el mercurio: un hijo de Dios está lleno de movimiento e inquietud. Está en constante fluctuación, siempre tiene prisa; su vida es como la marea, unas veces sube, otras veces baja. No hay descanso; y la razón es porque se halla fuera de su centro. Todo está en movimiento hasta que vuelve a su centro; Cristo es el centro del alma; la manecilla de la brújula tiembla hasta que marca el polo norte.

Thomas Watson

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