Egoísmo y equidad

Hoy mi abuela repartió postre para mis hermanos y yo. Al ver los tres pocillos, que contenían una deliciosa macedonia de frutas, me percaté de que uno estaba excesivamente lleno y desconfié inmediatamente de la equidad con que se repartieron. Lo paradójico es que el sentido de equidad que tanto reclamaba internamente desapareció cuando me acerqué a la mesa con el objetivo de escoger la rebosante porción.  Grande fue mi sorpresa cuando mi abuela me dio a escoger entre las dos porciones más pobres. Mi sentimiento de injusticia crecía mientras repasaba la gran diferencia entre mi porción y la que aún estaba en la mesa, fue entonces cuando mi abuela dijo: “Le he servido un poco más a tu hermano ya que ayer no pudo comer nada a diferencia de ustedes”.