No de carne sino del espíritu

Hace un tiempo escuché a una hermana decir algo así: “a veces oramos simplemente porque eso hacen los cristianos.. los cristianos oran”.  Creo que tiene mucha razón en la manera que apunta a la oración como una tradición más que a una necesidad.

En muchas ocasiones la motivación para la oración es errónea y por experiencia propia lo he visto en los siguientes casos: (1) Busca obtener algún reconocimiento ante los hombres, (2) está motivada por el egoísmo o (3) se contenta con escucharse más que con ser escuchado.

(1) Busca obtener algún reconocimiento ante los hombres

Si bien la oración es un componente fundamental y esencial de la verdadera piedad, no debe constituir un acto del cual gloriarse. Si se dice que la oración es la respiración del creyente, ¿qué hombre sensato podría gloriarse de estar respirado? Lo único que podemos hacer es dar gracias por nuestro sistema respiratorio, el cual no diseñamos ni creamos, y por el aire que podemos consumir, que es abundante y gratuito.

No debemos orar buscando reconocimientos, Jesús lo dejó claro en Mateo 6. Pero creo que tampoco debemos orar buscando algún título. Nuestra motivación para orar no debe ser “oraré mi cuota diaria para poder mantener la membresía entre los cristianos”. Debes tener muy claro que nada de lo que hagas te puede hacer cristiano, ni todas tus oraciones ni súplicas juntas pueden darte perdón, sólo la fe en Jesucristo y su obra consumada.

Entender lo anterior nos podrá librar de la elocuencia en las oraciones, que buscan más bien dejar satisfechos a los hombres que verdaderamente comunicarse con Dios.

(2) Está motivada por el egoísmo

Con esto me refiero a que podemos poner nuestra súplica por sobre Dios. Es muy común escuchar de personas que le dan más importancia a lo que piden que a lo que Dios decide y llegan a enojarse con Dios, esto pasa por anhelar más aquello que se pide que a Dios mismo. Hemos de ser sinceros, qué difícil es dejar de lado el egoísmo ¿pero qué obtendremos si pedimos mal y para nuestros propios deleites? La oración debe reflejar nuestra necesidad, no ser una muestra de nuestros antojos o caprichos.

(3) Se contenta con escucharse más que con ser escuchado

Aquí toco una fibra muy íntima y tiene mucha relación con el punto 1: la oración para calmar la conciencia. Hay oración que no busca elevarse y alcanzar el trono de la gracia mediante el nombre de Cristo. No busca siquiera tocar la puerta de la ciudad celestial o pedir una cita con el Todopoderoso. En este tipo de oración no se busca respuesta alguna, sino que la respuesta es el discurso en sí. Esta actitud es como la de aquellas personas que preguntan sin la intención de recibir alguna respuesta, están satisfechas sólo con que los demás los escuchen expresar su interrogante.

¿Y cómo oraremos entonces? Pienso que debemos entender nuestra dependencia de Dios como criaturas, luego nuestra profunda necesidad debido al pecado que corrompe nuestras vidas y saber que en Cristo tenemos nueva vida y acceso al Padre. Si meditamos en estas verdades podremos estar humildes ante Dios, sabiendo que no hay de qué gloriarnos sino sólo en la misericordia y bondad de nuestro Señor. Entenderemos que la oración es el fruto de una nueva vida en Cristo, nada tiene que ver con la carne. Lamentablemente con qué facilidad pensamos que la oración es un asunto ordinario y sin importancia.

 

“Ni erudición, ni pureza de expresión, ni amplitud de pensamiento, ni el floreo de elocuencia, ni la simpatía personal pueden sustituir la falta de fuego del Espíritu. La oración asciende por este fuego. Sus llamas le dan acceso y alas, aceptación y energía. No hay incienso sin fuego ni oración sin llama.” E. M. Bounds

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